domingo, 27 de julio de 2014

PAÍS VASCO. Los judíos en el País Vasco durante la Edad Media (II)



Vitoria (Por Bolumburu B.A., Rodríguez, J.A.)
Bienvenidos a una nueva entrega de Las huellas perdidas de Odiseo que se encargará de continuar el relato sobre la permanencia judía en el País Vasco durante el Medioevo, centrándonos hoy específicamente en la ciudad de Vitoria. Inicialmente conviniera subrayar una admonición respecto al tamaño de la población mosaica de Vitoria. Y es que como casi toda cuantificación demográfica medieval ésta debe ser tomada con extrema cautela dada la sequía informativa al respecto. Pese a todo, atesoramos indicios por los cuales suponemos que el tamaño de la comunidad judía en Vitoria era significativo. La primera advertencia sobre ellos resulta tardía, habremos de esperar hasta el reinado de Alfonso X-en 1256- para descubrirla, exactamente cuando el Rey Sabio ordene la ampliación de la villa, diseñando entonces tres nuevas calles paralelas, Cuchillería, Pintorería y Judería. La habilitación de esta última nos impele a ponderar como relevante el número de los mismos ya en dicha fase. En 1290- fecha de elaboración del Padrón de Huete- la agrupación israelita acomodada en Vitoria era la más importante del País Vasco, a poca distancia de la de Calahorra y superior al de otros epicentros poblacionales judaicos de ese obispado, como confirmamos con Miranda de Ebro. 

Calle Judería de Vitoria

Ya dijimos que se ha identificado a los judíos como consustancialmente usureros y arrendadores de impuestos, un sector que también mantuvo mucha preeminencia en Vitoria. Sin embargo, ahora detectamos todo un piélago de pequeños veneros hebraicos circunscritos a minúsculas aldehuelas diseminadas por la llanada alavesa, suponiendo en muchos casos una inherente condición campesina para sus judíos. En cuanto a su instalación predominante en el mediodía del País Vasco creemos que responde a una abigarrada etiología: fenómeno urbanizador tardío característico de la región, férrea competencia con los moradores originarios y porque su inclusión en el boyante comercio atlántico quedaba asegurado desde los enclaves interiores.

Miniatura de un judío


















El grado de tolerancia entre estos dos colectivos tanto en Vitoria como en el País Vasco en su conjunto ha creado cierta polémica, aunque en mi opinión resulte análogo al del resto de la Corona de Castilla. Las ordenanzas concejiles vitorianas conservadas -en rítmica consonancia con las reales- nos permiten avizorar la degradación paulatina de sus condiciones vitales: segregación étnica,  imposición de símbolos distintivos, discriminación económica, religiosa y social, etc. Ese ambiente estanco y enrarecido formula un excelente caldo de cultivo para una futura conflagración violenta. De hecho, fue en el preludio de la expulsión cuando nos encontremos con el único asalto documentado a la sinagoga, plasmación directa de un odio larvado pero perennemente alimentado. Tenemos constancia del alboroto por el amparo concedido por el Consejo Real tres años más tarde ya que los judíos:



“…avian seydo e heran muy maltratados por los vezynos e moradores de la dicha çibdad de Vitoria, apedreandolos e descalabrandolos por las calles donde andavan injusta e non devidamente e deziendoles muchas menguas e desonrras syn ninguna cabsa e aun iendo de noche por la judería despues que los judios son encerrados en sus casas e quebrantarles las ventana a pedradas. E que lo peor era que avia acaeçido estando los judios en su sinagoga faziendo oraçion entraron los christianos arrebocados donde estavan las judias  e escupirlas e darles de puñada e coces de tal manera que los dichos judios e judias non osavan estar en su juderia nin bevian seguros”.

Fotografía de Menorá (No conozco el autor)

Sin embargo, encontramos otras pruebas sobre la difícil convivencia entre las distintas comunidades. La muy controvertida ejecución judicial del alcalde ordinario Juán Fernández de Paternina puede ser emblemática, actuado probablemente ex officio hace arrestar al judío Jato Tello por blasfemia y reniego de Dios para seguidamente obtener su confesión mediante tortura.


“Le fizo prender y luego en la otra syn aver acusador le puso a tormento hasta que le fiso confesar” Ulteriormente dictará una gravosa sentencia “fue açotado publicamente por esta çibdad y enclavada su lengua”. La Chancillería de Valladolid, vía apelación, anuló la culpabilidad del reo, aceptando las súplicas del acusado “Lo qual todo dyz que le fyzistes por enemistad que contra el teniades e non guardando forma ni horden de derecho”.


Imagen antisemita de origen inglés
Poseemos otro interesantísimo testimonio perteneciente a un galeno de raza hebrea pero esta vez residente en Bilbao, aunque más exacto sería el decir, preso en Bilbao. Éste tras ser encerrado por el corregidor-con todo tipo de irregularidades en el proceso- atendió a pacientes en la misma cárcel, obviando éstos a los propios médicos cristianos de la villa marinera. En su búsqueda de justicia ante los monarcas, menciona como uno de los factores más determinantes de su presidio  en que:


“ay algunos medicos cristianos, los quales diz que es cierto segund la comun opinion de los vecinos e moradores de la dicha villa no tyenen aquella avilidad e suficiencia en medesyna que el dicho Ravi Symuel su parte, e con esta enbidia e porque es judio todos diz que le han tratado e tratan quanto mal pueden”.


Cirujía medieval

Esto es todo por ahora. Todavía trataremos el tema hebreo una vez más en un próximo capítulo de Las huellas perdidas de Odiseo.

Muchas gracias y un abrazo.

Sergio D.S.

¿Quieres saber más?

VV.AA.: Los judíos, Fundación Sancho el Sabio, Vitoria, 1992, 478 págs.

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